Saturday, June 18, 2005

milagrismo

Afteroffice en bar 6, como todos los viernes. Pero esta vez con milagro
incluido. Ahí estabamos A y yo, vinito y tapas; y de pronto, de la vela en
la mesita, empieza a drenarse un hilo de cera. Al principio tranquilo, y
después sobrevino el desborde.
A, yo, y una tercer contertulia. Una virgen de cera perfecta se había
dibujado en la mesa. No había espacio para hacer preguntas. Es imposible no
reconocer una virgen si está justo ahí. El gesto es inconfundible. Pobrecita
ella. Pobre infeliz.
Bajé inmediatamente (estabamos en una de las mesas de arriba) y le dije a
nuestro camarero (el que está para hacer mierda de lindo que es) que
teníamos una virgen en la mesa, y estabamos perturbados. Raro, no pareció
sorprenderse. Subió al rato con lo que reconocimos como un *removedor de
virgenes*, un dispositivo muy parecido a una espátula.
La virgen se despegó, como era de esperarse, en una sola pieza.